La curiosidad mató al gato

 

Todo comenzó hoy mismo. Desde el primer momento en el que entré, algo en mí cambió. Siento

que ya no soy la persona que era antes, mis intereses se redujeron a solamente volver a entrar.

 Me fui a dormir pensando en eso, y me desperté tratando de acordarme del sueño que tuve, que

 fue sobre este lugar también. 

Empezaría a describir el sueño, pero eso supondría cuestionarme su significado por

 decimonovena vez en el día, así que prefiero no contarlo de momento.

Se estarán preguntando de qué lugar hablo, pues bien, hoy, mis amigos y yo nos aventuramos

 a caminar por las afueras del pueblo para divertirnos sin la necesidad de gastar dinero. Estaba

 siendo una tarde tranquila, en un lugar llamado “desierto del fuego”, no porque sea un desierto, 

sino porque nadie habita esta zona, es prácticamente la nada misma. El “del fuego” podría ser 

por muchas variantes interesantísimas pero lamentablemente no lo es. Tan solo es porque 

estamos al sur de Argentina, en Tierra del Fuego. 

Somos un grupo de 4, va, en realidad somos 5, con Tommy, el perro de Juanma. Tommy es un 

perro el cual estoy bastante seguro de que no es de raza, de ojos azules y completamente negro, 

y fue el causante de que les esté contando esto. 

Los demás, además de Juanma, que es un muchacho tranquilo, amante de los tatuajes y 

ojeroso, son Nico, mi mejor amigo, un muchacho bueno y fachero, enamorado de mi mejor 

amiga, Male, por lo que me toca hacer el rol de cupido, una profesión dura y para nada valorada 

en estas épocas. Son dos imbéciles que quieren pero no quieren. Si me preguntan a mí, yo creo 

que bajo el poder de mis habilidades relacionadas a todo lo que tenga que ver con amor 

adolescente, van a terminar juntos.

Por último, Fabri, que también está enamorado, pero es una relación un poco más complicada 

porque no es precisamente de una persona. A Fabri le fascina todo lo que tenga que ver con 

aviones y guerras mundiales. Si la Segunda Guerra Mundial fuese una persona, yo creo que ya le

 hubiera propuesto matrimonio.

Ah, casi me olvido de que todavía no me presenté, soy Nacho, un pibe alto que le gusta todo lo 

que tenga que ver con escribir y no pensar mucho en las cosas. Nose si es mi mayor virtud o mi

peor defecto. Puede que ambas.

Luego de esta introducción breve de esta gentuza que tanto aprecio, vuelvo a los hechos: si se 

quedaron con la duda de porqué un perro era el causante de que yo agarre esta hoja y empiece 

a escribir nuestra historia, se debe a que en el medio de nuestra travesía, nos dimos cuenta de 

que Tommy no estaba. Al dar vuelta la cabeza, se encontraba oliendo a un enano hecho de 

porcelana a tamaño real, que daba paso a una de las minas del lugar desértico. La mina estaba 

con varios carteles de peligro, unos letreros inmensos que plagaban el lugar junto con cintas 

rojas, pero, lastimosamente para nosotros, los perros no saben leer, y Tommy entró a la cueva 

olfateando el horrible olor que desplegaba la recién mencionada.

Nos miramos los 4, y sin decir una palabra empezamos a correr. Tratamos de llamarlo, pero no 

se asomaba, ya estaba tan adentro que nos era hasta imposible poder divisarlo. En milésimas 

de segundos decidimos que entrábamos los 4 juntos, y rápidamente, saqué de mi mochila una 

daga que tengo para defensa personal, pues en el pueblo hay muchas desapariciones desde 

hace años, y uno nunca sabe. Juanma miró a los alrededores y consiguió una parte de un 

espejo, que se encontraba al lado de una de las señales de peligro. Queríamos estar alerta por 

si había algún animal salvaje dentro, asi que todo objeto para garantizar nuestra seguridad 

podía sernos útil. Obviamente no queríamos dañar a ningún animal, pero teníamos que buscar 

a Tommy.

El primero en entrar fue Fabri. “No hay monos en la costa” recuerdo que se pronunció. Me hubiera 

gustado decirle que la expresión es moros y no monos, pero no era el lugar ni el momento.

Entramos todos. Por suerte, la luz no era un problema, todos activamos el flash de nuestros 

celulares y empezamos a adentrarnos cada vez más. 

La cueva estaba repleta de musgo, pequeños charcos de agua y madera para seccionar los 

pasillos. Al hacer unos metros, encontré una mesa con un reloj de bolsillo, un habano apagado 

y un cenicero. La idea era no tocar nada, pero me llevé el reloj como un posible recuerdo. Luego 

de unos 15 minutos en los que teníamos miedo de avanzar, un ladrido se escucha 

aproximándose, y, por fortuna, era Tommy, completamente sano. 

La misión estaba completa. lo normal hubiera sido agarrar al perro e irnos más rápido que lo 

que canta un gallo, pero la curiosidad puede llegar a convertirse en un defecto humano.

Nico, Fabri y yo decidimos continuar por los caminos un poco más, mientras Juanma y Male 

salían con el perro. Unos pocos pasos más tarde, Nico trae una piedra vieja con polvo, donde se 

encontraban tallados lo que parecían antiguos jeroglíficos. Al mirar detrás nuestra, una enorme 

pared repleta de dibujos tallados en ella se nos aparece en nuestras narices. 

Luego de una breve investigación, vimos que faltaba una partecita en la parte inferior izquierda, 

que coincidía a la perfección con la piedra que teníamos. 

Por algún motivo nos pareció lógico que poniendo esa roca en su lugar ocurriría algo 

impresionante. Quizá vimos muchas películas de misterio, pero al parecer el que diseñó el 

recinto también. 

Un ruido estremecedor se expandió por toda la cueva. Provenía desde uno de los caminos más 

angostos. Mientras nos acercabamos, se escuchaba cada vez más fuerte un chillido metálico 

que no paraba de sonar.

Frenamos los 3 de golpe, incrédulos ante lo que había en frente nuestro: Una soga. 

El objeto no es lo espectacular, el tema es que la soga estaba colgando, sin absolutamente 

nadie ni nada alrededor, pero se encontraba balanceándose de un lado a otro, y parecía que 

cada vez aumentaba su velocidad. 

Ante esta situación, realizamos el acto más valiente que unos adolescentes de 19 años pueden 

llegar a hacer: correr a la salida sin mirar hacia atrás en ningún momento. 

Logramos salir. los chicos nos esperaban allí. Les contamos lo sucedido y pensaban que los 

estábamos descansando. Nos relajamos, tomamos aire y cada uno contó su perspectiva con 

lujo de detalles.

Ahora me encuentro en mi casa, ya es de madrugada, me dormí un rato pero no puedo conciliar 

bien el sueño. Mañana prometimos juntarnos y tal vez vayamos a explorar todos juntos 

nuevamente. A todos nos explota la cabeza de dudas y teorías. Quizá no sea la mejor idea, quizá 

un verdadero peligro se encuentre en esas cuevas, quizá las numerosas desapariciones que 

mencioné anteriormente tengan algo que ver con la cueva. Mi mente no para de maquinar 

pensamientos.

En fin, mucha escritura por hoy, espero que mañana volvamos todos sanos y salvos,y así, poder 

seguir redactando esta historia que hasta a mi me tiene intrigado. 

 

 paisaje de túnel de cueva de horror de dibujos animados 1234022 Vector en  Vecteezy

 

 

Comentarios

Entradas populares